domingo, 30 de agosto de 2015

CAPITANES INTRÉPIDOS

Siempre he considerado los recuerdos de la niñez la verdadera patria de una persona, seguramente porque considero que es la única etapa vital en la que vemos la vida completamente libres de prejuicios, filias y fobias. Lo que nos gusta, nos gusta porque si, no porque nos lo marque el gurú de turno, la moda del instante o la presión social.

Tanto es así, que a menudo nos damos de bruces con nuestra propia miseria al volver a repasar parte de esos recuerdos de la infancia. Es muy habitual que al volver a visionar aquella película que viste un millón de veces de niño, ahora se te antoje una mierda pinchada en un palo, o que aquel lugar secreto donde soñabas con castillos y aventuras sin igual, ahora no sea más que el olvidado árbol de un camino perdido. Como bien dice Sabina, al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver.

Pero, como Udenzo y Goscinny comienzan todas las aventuras de los antisistema Axterix y Obelix, no toda la Galia está ocupada por los romanos...


Cuando no contaba más de cuatro o cinco primaveras, el horario de colegio no me permitía ver mis dibujos animados favoritos (Hong Kong Phooey, el osito Misha, los viajes de Gulliver...), así que mis padres hacían uso del video para grabarlos. Todas esas cintas VHS se almacenaban en la vitrina de un mueble granate que hacía las veces de bitácora de la familia, guardando grabaciones y fotos en sus compartimentos.

Un buen día, decidí explorar la videoteca y llevado por el azar, introduje en el viejo Telefunken una cinta cuyo dorso rezaba a lápiz "pescadito", tal vez pensando que se trataba de alguna nueva serie de dibujos, pero no era así.

Se trataba de Capitanes intrépidos, una joya de cuando el cine se centraba en contar historias y no en postproducciones pantagruélicas con el fin de tapar las miserias de actores mediocres.

Pablo Kurt en FilmAffinity la resume así:

"Un niño rico y malcriado cae al mar desde el lujoso crucero donde viajaba, siendo recogido por un barco pesquero, donde tendrá que trabajar como todos. En compañía de la tripulación, en especial de un marinero portugués que lo acoge como un padre, el chico descubrirá el valor del trabajo duro y la amistad verdadera. Basada en la novela de Kipling, la mezcla de aventuras marineras y el tierno drama consiguió una maravillosa y conmovedora película que se instaló en el corazón de varias generaciones. En el recuerdo, un Spencer Tracy insuperable (atención a la emocionante escena en la que el chico le dice: "I want to be with you, Manuel" -Yo quiero estar contigo, Manuel-, dos rostros empapados de una sinceridad desarmante)."

Capitanes intrépidos es una joya, la mires con los ojos de un niño o con los que te dé la gana, y lo es por tres cosas fundamentales:
     -La primera, tiene un guión redondo, sin fisuras, sin artificios.
     -La segunda, la química entre los actores, para mí solo superada en "Dersu Uzala", el cazador de Kurosawa.
     -La tercera es la vigencia, habla de un sentimiento fortísimo: la amistad. Eso no puede tener fecha de caducidad.

No soy capaz de decir cuál es mi película favorita, seguramente varíe según mi estado de ánimo, época del año o la cantidad de luz, yo que sé, pero sin duda alguna en el grupo de candidatas siempre estará Capitanes Intrépidos, por llevarme de vuelta a la época de la inocencia, la sencillez...la verdadera patria de toda persona.
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